martes, 31 de mayo de 2022

EL GOL NO GRITADO MÁS GRITADO DE MI VIDA

Desde hace una semana y monedas, cuando la Selección Argentina se consagró bicampeona de América tras ganarle la final a Colombia, en todos lados está Ángel Di María. En los canales de noticias, que entrevistaron desde el primer entrenador en el club de su barrio en Rosario hasta su maestra de primer grado. En las publicidades (¡si vendió más que Messi en esta Copa!). Y en los programas deportivos ya se han reproducido cientos y cientos de especiales del crack surgido en Central. No es para menos, ehEs que la final continental significó el último capítulo de “Angelito” con la camiseta más linda de todas. Di María, el que “rompió la pared” para regalarnos goles inolvidables en finales, le dijo adiós a la Selección y todavía no tomamos real dimensión de lo que será ver de ahora en más a La Albiceleste sin uno de sus símbolos en los últimos 15 años.

Pero hoy no voy a recordar sus goles más famosos, que obviamente son los de los partidos definitorios. Di María me trae recuerdos espectaculares y uno de ellos se transformó en una anécdota imborrable. Estando en pandemia y cuando todavía no había vuelto el fútbol, TyC Sports pasaba hasta el hartazgo partidos mundialistasY uno de los tantos que se repitió una y mil veces en esos meses de encierro fue Argentina-Suiza, de Brasil 2014. Cuando se trata de esas batallas históricas, que trascienden los años, solemos recordar (y más cuando se trata de Mundiales) dónde estábamos y con quién vimos esos partidos. Tal es el caso -al menos en lo personal- de ese sufrido triunfo frente a los suizos, al que titulé "el gol no gritado más gritado de mi vida"Paso a contarles...

El gol de “Fideo” a Suiza fue mi gol no gritado más gritado de mi vida. Así como suena. Lo traduzco: es un gol que merecía gritarse hasta quedarse sin voz y que por alguna razón, motivo o circunstancia no pudiste gritar. A más de uno le habrá pasado de ver un partido en la tribuna “rival” y al momento del gol hacer silencio cuando en realidad estás explotando por dentro. Pero no es el caso. Primero de julio de 2014. Octavos de final del Mundial de Brasil. El partido en cuestión fue en San Pablo; yo estaba en Porto Alegre (unos días antes había visto el triunfo por 3-2 frente a Nigeria; el de los dos goles de Messi). El dueño de la casa donde paraba era arquitecto o contador (no lo recuerdo sinceramente) y JUSTO esa tarde tenía una importante reunión de laburoBrasileño él, poco le interesaba el transcendental partido de Argentina frente a los suizos, donde nos jugábamos el pase a cuartos de final.

Minuto 118. Segundo tiempo del alargue y a 120 segundos de los penales. La roba Palacio. La reunión en el altillo de la casa ya estaba en marcha (yo me encontraba en el piso de abajo, pero no había pared que separara y limitara el ruido -por ende el tele estaba casi en "mute"-). Palacio para Messi. Un suizo en el camino y el pase justo. Una pincelada finamente calibrada del “10”La reunión de trabajo ingresando en su punto culmine, al igual que la carrera de Di María por la derecha. “Angelito”, en una de sus tantas horas de gracia con La Albicelestetocó de primera, con la zurda (el pase de Lionel no exigía más que eso) y Argentina se puso arriba 1 a 0.

Fue en ese preciso momento, glorioso para cualquier fanático futbolero, que entré en desesperación. Al borde de la locura, transpirando como testigo falso, busqué la guarida para descargar mi emoción de "¡gol en tiempo suplementario en un Mundial!". Me metí en la primera habitación que encontré en la casa y GRITÉ EN SILENCIOCómo explicarlo: arrodillado en el piso y a pura mueca. Como si Chaplin estuviera gritando un gol en alguna de sus películas de cine mudo. Porque claro, la reunión laboral continuaba y me había comprometido a que en esa casa y a esa hora no iba a correr ni una mosca.

Por dentro fue toda una revolución de emociones; por fuera, como dice el "Coco" Basile, silenzio stampa... ¡Gracias "Fideo" por ese momento inmaculado y por tantos otros! Has provocado hasta lo imposible. Porque en mis 36 años grité miles de goles. Pero también en la retina tengo ese: “Mi gol no gritado más gritado”. Que tengas una buena vida, llena de instantes increíbles como nos regalaste a lo largo de tu carreraY quedate tranquilo -porque muchas veces te preocupaste por el qué dirán- que para nosotros ya sos un Ángel eterno.


VIDEO. "El gol no gritado más gritado de mi vida" en FM De la Bahía 91.5.

VIDEO II. Un privilegio: relatar al gran "Fideo" Di María.

jueves, 5 de mayo de 2022

MENOTTI Y SU LEGADO: EL FÚTBOL QUE LE GUSTA A LA GENTE


Qué difícil es referirse a la vida y obra de César Luis Menotti sin entrar en los gustos futbolísticos. Sus formas siempre estuvieron tan bien definidas, tan distanciadas de otros estilos, que indefectiblemente sus convicciones te llevan a ser parte de su movimiento “conceptualista” o directamente a ser un anti. Quizás los de 30 y pico crecimos con ese fútbol. Con un fútbol envuelto en miles de dilemas. “O sos menottista o sos bilardista”, “La Selección del '78 o la del '86”. Como cualquier otra discusión en este país, sin importar la temática, siempre hubo que elegir. Sin grises. Pero si uno se aleja un poco de la zona de conflicto, siendo de un bando o del otro -o de ninguno- debe reconocer (y valorar) la calidad de entrenadores que hemos tenido a lo largo de nuestra historia. Y el “Flaco”, sin dudas, es uno de los indispensables del fútbol argentino. Un revolucionario. Un tipo que dejó una huella imborrable. Y, desde el domingo 5 de mayo de 2024, también es leyenda.
 
Menotti, nacido en Rosario en 1938, jugaba al fútbol con el mismo estilo que después se vio reflejada su condición de entrenador. Era un mediocampista, algo cansino, que jugaba y hacía jugar, no tan abocado a la marca. Su carrera adentro de la cancha duró poco: sólo una década, donde vistió los colores de Rosario Central, Boca y Santos de Brasil, entre otros. No fue un mal futbolista, para nada, pero pasaría a la posteridad como director técnico (y mucho antes del título mundial de 1978). Luego de una primera experiencia sin tanto brillo en Newell’s (el acérrimo rival de “su” Central), el “Flaco” fue a Huracán, donde gestó uno de los mejores equipos jamás vistos por estas tierrasEl “Globo” campeón del Metropolitano '73, con figuras como Houseman, Babington, Brindisi, Larrosa y Avallay, sigue siendo considerado el equipo que jugaba “como le gusta a la gente”A ras del piso, siempre mirando el arco contrario. Y con destellos de calidad individual, obviamente.
 
Ese Huracán fue la clara muestra de lo que vendría después. Porque, en definitiva, con ese producto inmaculado y repleto de fútbol, Menotti les demostró a los que comandaban la AFA que se podía jugar bien, al estilo del potrero argentino, y al mismo tiempo ser organizados, profesionales, característica que no tuvieron los planteles nacionales en los Mundiales de 1958, 1962 y 1974. Cabe aclarar que, en el '66, con el “Toto” Lorenzo, un opuesto al “Flaco” -Lorenzo era tacticista-, la participación de la Albiceleste en Inglaterra fue digna (llegó a cuartos de final) y en 1970 el equipo ni siquiera se clasificó a la Copa del Mundo de MéxicoMenotti le imprimió al seleccionado, en el proceso previo al Mundial del '78, su idea y, además, su visión del profesionalismo. Salvo Kempes, que se fue al Valencia de España, todos los futbolistas tenían que jugar en el país y debían formar parte de las concentraciones y de las giras por el Interior, enfrentando a los selectivos locales. Con el “Flaco”, la Selección pasó a ser prioridad absoluta, como nunca antes; no un rejunte de buenos jugadores que iban a los Mundiales a ver qué pasa, sin ningún tipo de ensayo.
 

Así, con su convicción, el talento nato del jugador argentino y la cuota de seriedad, profesionalismo y compromiso con la camiseta nacional, es que Argentina logró su primera estrella a nivel mundial. Fillol, Passarella, Tarantini, Ardiles, Bertoni, Luque, Kempes. Figuras, como siempre las tuvo nuestro país, pero organizadas. Fue la combinación perfecta, que también se vio reflejada en el Mundial juvenil, en 1979, ya con Maradona (que fue desafectado en el '78 por su corta edad) en el centro de escena.
 
A propósito de Diego, poco tiempo después, y luego de la decepción en España '82, el “Flaco” se reencontró con “Pelusa” en el Barcelona. Allí ganarían tres títulos, hasta que Menotti se marchó del elenco catalán en 1984, año en el que el “Diez” recaló en el Napoli. Después, la trayectoria del entrenador se inundó de grandes instituciones: dirigió Boca, River, Independiente, volvió a Central, Peñarol de Montevideo, Atlético de Madrid, Sampdoria y un breve paso por el fútbol mexicano en 2007 le puso punto final a su curriculum como DT.


Pero la historia del “Flaco” con el fútbol no quedaría ahí. En 2019 asumió como Director de Selecciones Nacionales de la AFA y fue el principal responsable, el que más insistió, para que Scaloni se quede como entrenador definitivo del equipo (hasta la llegada de Menotti al cargo, el técnico -que le daría a Messi los títulos que le faltaban en la Mayor- sólo era interino y había intenciones de reemplazarlo). Le veía condiciones, le gustaba su equipo de trabajo, repleto de grandes futbolistas con pasado de SelecciónY no se equivocó. Menotti, apoyando la continuidad de Scaloni y su cuerpo técnico, terminó influyendo notablemente en los grandes logros que vinieron después: Copa América, Finalissima y Mundial.

Volviendo al principio… ¿Existe una sola forma de jugar bien al fútbol? Posiblemente no. Hay miles de casos de entrenadores con ideas antagónicas que han triunfado, con estilos dispares, pero efectivos, que llevaron a sus equipos a desplegar un fútbol de alto vuelo. Guardiola-Mourinho, por ejemplo. Polares y genios al mismo tiempo. Sacchi-Capello. Basile-Griguol por estos lados. Hay miles de casos. ¿Y existe un estilo de juego que enamora a la gente? Ya ahí la discusión es más compleja. De lo que sí podemos estar seguros es que César Luis Menotti fue un fiel defensor de ese concepto, de esa forma de ver el fútbol, TAN SUYA. La de jugar lindo, de gustar, de cautivar al aficionado. De brindar espectáculo más allá del resultado. Eso es tan fantástico como una táctica maravillosamente empleada por Bilardo, Zubeldía o Lorenzo. ¡Qué técnicos hemos tenido y tenemos en esta tierra! Lástima que ya nos dejó el notable “Flaco”, aunque seguramente andará por las nubes y las galaxias armando nuevos equipos. Nuevos Huracanes, nuevas Selecciones Argentinas. En definitiva, lo que hizo siempre. La única diferencia es que ahora Menotti arma equipos que juegan “el fútbol que les gusta a los ángeles”.