jueves, 23 de septiembre de 2010

JAVIER Y EL SUEÑO DEL PIBE

La historia de un Tango hecho realidad. “Jugaré en la Quinta, después en Primera. Yo sé que me espera la consagración”. Así reza la famosa canción, aquella que alguna vez entonó el mismísimo Maradona. Sus estrofas son las que representan el sueño de todo futbolero. Ése sueño que anhelamos alguna vez de pibes y que generalmente coincidía con el del resto de nuestros amigos. Despertar en medio de un estadio repleto, vistiendo los colores del equipo de nuestros amores, y hacer el gol del triunfo en un partido cerrado. Pufff, cuántas emociones en sólo 10 minutos de siesta.

A Javier le pasaba lo mismo que a nosotros. En su habitación, todas las noches antes de dormir, miraba un póster de sus ídolos, que se encontraba justo arriba de su cama. El anhelo era ser como ellos. El sonido de una futura ovación de la hinchada susurraba sus oídos cotidianamente.

Con 16 años, como todo adolescente, vivía a las corridas. Iba a la escuela y salía al trotecito para llegar temprano al entrenamiento. Y en el trajín de la rutina, hubo una tarde que se salió del molde. Era martes. Javier llegó al complejo como todos los días y rápidamente se dio cuenta que algo pasaba. Estaba el técnico del primer equipo, que pasó a ver al “semillero” porque tenía algunos inconvenientes para armar el plantel para el domingo. Igualmente, aquel hecho no sería el que más llamó la atención del jovencito, sino que un rato después, luego de un picado, su entrenador le comunicó que tenía que comenzar a entrenarse con la Primera. A practicar con los del póster de su habitación. Javier no lo podía creer. Las escasas palabras que salieron de la boca de su técnico fueron -en ese entonces- las más trascendentes de su vida. Nunca había vivido una situación similar. Un momento de emoción y hasta desconcierto, que hizo latir de lo lindo a su corazón.

Desconozco en qué estado emocional, pero el chico llegó a su casa después del entrenamiento. Inmediatamente Javier le contó a sus viejos -con lujo de detalle- todo lo que ocurrió en ese práctica de ensueño. Su tarde de gloria. Parecía que aquella ilusión, de la que hablaba ése Tango, comenzaba a hacerse realidad. Pero todavía faltaban algunos capítulos. La felicidad del pibito desbordaba, a tal punto que no pudo pegar un ojo en toda la noche. Al otro día, tendría frente a frente a los fenómenos que veía todos los domingos desde la tribuna con su papá.

En la semana previa realizó un buen trabajo. Pese a su andar silencioso y por demás reservado, adentro de la cancha Javier se soltó y conformó al técnico. Sin embargo, jamás se imaginó que podía tener alguna chance de integrar el plantel que iba a jugar el fin de semana. Eso sí: nadie le iba a quitar la ilusión. Por esos días, Javier tenía más hambre de gloria que cualquier futbolista en el mundo. La cabeza le maquinaba constantemente. De un momento para otro, podía pasar de jugar con sus amigos y ser observado por su familia y novia, a compartir un vestuario con sus ídolos, para posteriormente ser recibido por una multitud desbordante de algarabía, con un millar de papelitos tapando el verde césped. Obviamente, la diferencia entre una situación y otra era abismal. Pero, así y todo, el chico andaba como si nada. El contexto de semejante acontecimiento no lo achicó. E iba a dar claras muestras de su tempranera madurez.


El equipo debía viajar a Jujuy, muy lejos de casa. El entrenador pegó la hoja con los citados a la salida del vestuario. Javier, muy tímidamente, se acercó a pispear. Primero observó a los de siempre y, cerca del final de la lista, vio su nombre. Segundo gran sofocón en una semana que estaba tornandose inolvidable. El ansiado debut ya no era un sueño tan lejano.

Le costó dormir, aunque a esa altura, era lo de menos. Ya estaba en el baile y difícilmente se iba a bajar. Y para colmo, ante la ausencia de delanteros, ¡el pibito fue al banco! Cada pensamiento o simple ilusión futbolera a lo largo de su vida, se asemejó a ése instante. Tal cual como lo fantaseaba en la siesta.

El partido comenzó y Javier se sentó junto a los suplentes. No pasaba nada importante, el encuentro iba empatado y aburría a todos. Hasta que a los 15 minutos, el ambiente se revolucionó. Un compañero se lesionó. Cuando el jovencito vio que los médicos hacían señas pidiendo el cambio, las piernas comenzaron a temblar. Mucho más cuando el técnico le dijo que iba a entrar... ¡Qué momento!

Y hasta que se dio cuenta donde estaba parado, pasaron varios minutos. Vivió todo lo que quedaba del primer tiempo en una nebulosa. No entendía lo que estaba pasando. Claro, hace menos de una semana, el entorno era muy distinto. Las piernas flaquitas, con las medias que largamente le pasaban las rodillas, seguían temblando. El nene de 16 años defendía una banda cruzada en el pecho. No era cualquier cosa.

El entretiempo le vino bárbaro. Tomó aire, recibió algunas palmadas de aliento de los más grandes. Al fin y al cabo no era nada de otro mundo. Sólo un partido de fútbol. Importante y por el que remó toda su vida, pero un partido de fútbol. Se tranquilizó, y salió otra vez a la cancha.

Volvió muy sereno, a tal punto que, en el primer cuarto de hora del complemento, el chiquilín comenzó a escribir su historia en el fútbol grande. Un pelotazo vino al área. La bajó el “9”. De repente, Javier se vio con la pelota en los pies y frente al arquero. Cerró los ojos y la cruzó fuerte. La pelota, en una acción que derivó en una amistad eterna con el protagonista, le cumplió el deseo y entró pegadita al palo. GOL. Sí, gol del pibe que debutaba. Salió corriendo hacia el banderín del córner, se besó la camiseta, para luego revolcarse en el caluroso pasto jujeño. Un término tan simple, una palabra tan corta como el GOL, volvió a ser la expresión máxima de felicidad.

Es que el sueño del pibe estaba consumado. El partido terminó siendo empate. Sólo estadística. Javier, que más tarde sería apodado "Conejito", y que más tarde fue el “Conejo”, hizo el gol que siempre soñó. El primero, el inolvidable. El que una vieja letra de Tango describió a la perfección. El que no muchos pueden llevarlo a la realidad aunque siempre hay algún afortunado. Como Javiercito, que repentinamente ingresó al universo futbolero del que, alguna vez, en alguna siesta (y también despiertos), muchos quisimos ser parte.


VIDEO. El debut con gol incluido de Saviola en Primera División.


VIDEO II. Los goles de Saviola en el Mundial Sub 20 de Argentina 2001.

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